En la actividad política cuentan los resultados

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Muchos relacionan los éxitos políticos con simpatía. La búsqueda de simpatía conduce al populismo; el populismo no es más que hacer lo que los demás quieren y no necesariamente lo que demanda el proceso. El papel de un líder o un dirigente político es conducir a sus seguidores por una causa.

Estas ideas recuerdan a una fábula, se trata del hombre, el hijo y el burro. Empieza como muchas otras fábulas: “Había una vez un hombre que emprendió un largo viaje con su hijo y un burro. Después de un rato caminando, el hombre, viendo a su hijo cansado, lo levantó para que fuera sobre el burro. “Para eso están los burros, ¿no?” pensó el hombre.

Siguieron un trecho largo y unos viejos a la orilla del camino los vieron y dijeron: -Pobre hombre, ese niño tiene energías para caminar y va sobre el burro. El hombre al escuchar, decidió bajar a su hijo del burro y montarlo él mismo.

El hombre iba montado en el burro y el niño iba al lado de los dos. Por el camino se toparon con unas mujeres que, al verlos, dijeron: -¡Vaya holgazán! En tan buen estado y dejando que el pobre niño vaya caminando mientras él descansa sobre el burro. Yo no sé qué descansa, si es todo un perezoso.

Escuchando esto, el hombre tomó a su hijo y lo montó en el burro también y siguieron su camino. Iban el niño y el hombre sobre el burro cuando dos hombres afuera de una casa, con otro burro, comentaron: -¡Pobre animal! No se puede ser tan desconsiderado con los pobres burros. Los animales merecen respeto.

El hombre ya no sabía qué hacer, todo lo que había hecho había causado molestias a alguien. Se sentó a pensar y vio una rama lo suficientemente gruesa como para soportar el peso del burro. Amarró las patas del burro a la rama y con el hijo, cargaron al burro en sus hombros; el animal era muy pesado y el que los veía se reía en tono de burla.

Moraleja: Tratar de complacer a los demás, dejando a un lado nuestras ideas y principios, conduce al fracaso.

Esta fábula la escuché de niño y luego, siendo joven, aprendí que en la actividad política pretender complacer a todos se denomina populismo y conduce a un alejamiento de los resultados perseguidos para alcanzar una causa justa y de bienestar general.
Pretender ganar simpatía de todos, puede ser un esfuerzo sin resultados positivos para avanzar. En cambio, se gana simpatía logrando resultados. A su vez, lo que puede ser correcto en ejecución puede no ser simpático, pero puede ganarse perdiendo.
En el sistema democrático se busca ser líder electoral, esperando el vuelco de votos. Sin embargo, el sistema democrático permite exhibir posiciones que sustentan causas de defensa de derechos que despiertan rechazo en los beneficiarios que abusan contra esos derechos.

En nuestro medio social y político abundan los que no se atreven a usar la palabra “no” o que sufren por sólo contrariar al otro. Esa actitud ocurre en los que confunden la simpatía con resultados políticos positivos. Los resultados van de manos con el proceso, si éste avanza, despierta simpatía. En la actividad política cuentan los resultados.

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