Dominicanos en España extrañan la alegría de su patria

Lourdes Sobeida de la Cruz conversa con la reportera de elCaribe.
Para dominicanos residentes en España todo inicio es muy difícil para el inmigrante

Madrid, España.- Banyelin Massiel, Lourdes de la Cruz, Joseluis Canto Pérez y Jonathan Vázquez, dominicanos que viven en España, contaron a elCaribe lo difícil que fue dejar su país y adaptarse a la cultura de su nueva casa.

Dejar República Dominicana no ha sido fácil para la mayoría de los dominicanos que viven en el extranjero. Son muchos los sentimientos que embargan a una persona cuando decide dejarlo todo e ir en busca de nuevas tierras para emprender su vuelo. Por ejemplo, para Banyelin Massiel, como muchos otros dominicanos, fue muy difícil, primero en lo emocional y segundo por el haberse quedado sin papeles. “No es fácil cambiarlo todo de un día para otro, para ir a vivir y adaptarse a otra cultura”, resalta quien llegó hace siete años a España.

Comenzó a trabajar en relaciones públicas, espacio laboral donde señala no le exigían documentación.

“Al principio la pasé mal, pero después las cosas fueron fluyendo. Más tarde, un amigo me ofreció trabajo en una clínica dental como recepcionista, donde hasta ahora estoy”, compartió Banyelin Massiel.

La joven de 27 años, antes de llegar a España, visualizó una oportunidad para crecer y, al momento de su estadía, se enamoró del clima, porque lo considera el mejor de Europa.

Asimismo, de la cultura, con la que se sintió confiada, puesto que comparte el idioma de los españoles.

“Ellos se parecen mucho a los latinos. Son divertidos yamigables, más no fríos...”

A pesar de que en estos momentos se encuentra acomodada, confiesa que extraña hacer cosas que hacía en su país, como sentarse a beber una cerveza en un colmado con sus amigos, visitar la vecina... cosas que asegura no se hacen en la nación europea.

“Nosotros los dominicanos somos muy solidarios, nos apoyamos, nos pedimos ayuda y muchas otras cosas más que nos caracterizan”, puntualizó.
Hace 15 años, Lourdes Sobeida de la Cruz llegó a España. “Era feliz porque estaba con mi madre y con mi hermano, pero mis compañeros y los profesores del colegio no me acogieron y al mismo tiempo me sentía triste. La verdad, después de eso, quería irme con mi abuela y mi abuelo que era con quienes vivía en Santo Domingo”, expresó.

Por esta lamentable situación, su madre le daba consejos y le pedía que se estuviera tranquila, no obstante, admite que le costó su paz sus primeros seis meses de estadía.

Sin embargo, esto no le impidió que se enamorara de los parques, de las bibliotecas y, con ella, de la lectura. En cuanto a República Dominicana, extraña la alegría del pueblo y que se vive libre de estrés. “Cuando voy a República Dominicana soy otra; soy totalmente diferente, siento una felicidad y una algarabía”, expresó con entusiasmo al recordar sus raíces.

En 2007, Joseluis Canto Pérez hacía sus maletas para ubicarse donde residía su madre: España. “Cuando me instalé aquí empecé a lavar platos en un restauraante, en donde adquirí mucho conocimiento de cocina por lo que hoy doy soporte como cocinero”, expresa Joseluis.

Para él, en este lugar hay mucha calidad de vida, donde quien se esfuerza logra lo que desea. “Tenía la convicción de que iba a viajar, era algo que no lo veía lejos y aquí estoy”, indica quien desde hace 12 años está lejos de su patria, más lo extraña todo. Sin embargo, dice que “gracias a las redes sociales vivo pendiente a mi país. No he perdido mi identidad, mi acento...”

A diferencia de los demás, Jonathan Vázquez, desde hace ocho en España, se adaptó en poco tiempo a la nueva vida que lo esperaba. “Me sentí con seguridad cuando llegué, porque vine a la casa de mi madre. Pero, sí hay algo que extrañé y esos son mis amigos”, comentó el dominicano durante su jornada de trabajo en un restaurante donde se desempeña como seguridad.

Dentro de las cosas que Jonathan admira de los españoles es la educación que tienen. “Por ejemplo, vas en el metro y vez un anciano y se le cede el asiento”, dijo.

Al igual que Jonathan, Banyelin Massiel, Lourdes y Joseluis, desearían una República Dominicana libre de delincuencia. Por eso abogan por una mejor educación en el seno familiar y en las escuelas.

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