Como a nosotros mismos

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No nos medimos a la hora de juzgar a los demás. Vemos en otros, todos los defectos y fallas que no somos capaces de reconocer en nosotros mismos.

Los más ignorantes se mofan de las discapacidades físicas de sus semejantes, hasta el punto de hacer chistes y de rechazar la cercanía de aquellos a quienes consideran “inferiores”.

Otros se dan golpes de pecho ante las malas acciones de algunas personas, aún cuando las propias son mayores, más reprochables y afectan a más personas, solo que tienen la astucia de cometer sus hechos desde la sombra, muchas veces dejan que la responsabilidad de sus actos recaiga sobre un tercero.

Tan pronto alguien falla, más de uno se erige en juez, uno severo e implacable, que no admitirá ninguna atenuante del acusado, ante la falta cometida.

Los errores de nuestros iguales se convierten en el tema del día por muchos días y mientras no aparezca otro que genere mayor escándalo, no habrá otro tema de interés.

Algunas personas se van más lejos y aprovechan para hacer sentir mal a otros delante de los demás, exponiendo, sin reparos, sus fallas y debilidades.

Muchas veces no medimos el dolor que causamos, no nos detenemos a pensar lo mal que una persona puede estarse sintiendo por haber cometido un error, muchas veces de forma accidental y sin piedad le echamos sal en la herida, hundimos más la daga que ya tiene incrustada en su alma.

No tenemos piedad o dispensados poca a los demás, pero cuando se trata de nosotros, esperamos desesperados indulgencia, compasión, solidaridad.

Nada nos hace pensar que no merecemos el perdón, aún de aquellos a quienes hemos ofendido.

Una de las cosas incomprensibles de la humanidad es precisamente, la manera en que nos vemos a nosotros mismos y la que miramos a los demás.

Nosotros merecemos todo lo bueno, no así los demás.
Si por solo una vez en la vida, viéramos a los otros como queremos ser vistos.

Si trataramos al prójimo con la misma consideración y respeto con que deseamos ser tratados.

Si disculpáramos las faltas y errores de los demás de la misma manera en que pasamos por alto las nuestras, de seguro viviríamos en un mundo mejor.

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