“El servicio es parte de mi vida”

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Tuty Almonte de Zouain expresa que “dar servicio es lo que me apasiona, lo que me gusta y lo que me hace sentir bien”.
Almonte trabajó con los niños de la calle en Acción Callejera, donde pudo ver la realidad de sus vidas

Tuty Almonte de Zouain tuvo su primera experiencia en el servicio a los demás siendo una niña de apenas nueve años, cultivando este don con el paso del tiempo, hasta convertirse en parte de su vida misma. Por iniciativas suyas, se creó la Unidad de Cáncer Infantil del Voluntariado Jesús con los Niños, que funciona en el Hospital Infantil Arturo Grullón. Su labor no se limita a visitas esporádicas como pasada presidenta de la entidad, sino que cada día va al centro asistencial a dar apoyo a los pacientes y familiares que la necesiten. Su trabajo como coreógrafa y productora de espectáculo, han hecho más fácil su labor social, pues a través de este trabajo ha conocido personas e instituciones que le han tendido la mano cuando toca sus puertas.

1. Niñez en familia

Nací en Santiago, pero mi papá al ser militar le tocaba ir de puesto a diferentes sitios. Somos ocho hermanos, 6 hembras y dos varones. Me acuerdo que mami venía aquí, tenía los hijos y regresaba, ya sea a Montecristi, Mao o Dajabón, donde por cuatro años mi papá fue el encargado de la frontera. Vivíamos dentro del recinto militar. Al día de mi papá morir todavía era: sí señor, no señor, dígame señor, todo era con reglas, a nosotros nos despertaba un guardia con una corneta, teníamos que levantarnos rápido de la cama, arreglarla como pudiéramos, cambiarnos y estar antes de las siete en el comedor. Desayunábamos rápido, porque a las 7:20 estaba el chofer para llevarnos a la escuela, el que no estaba ahí se quedaba, el chofer tenía órdenes de que se fuera, entonces todos éramos muy disciplinados”.

2. Encuentro con el servicio

A la edad de nueve o diez años viviendo en Dajabón, pude hacer mi primer servicio, se trató de un compañerito de clases, que era aparentemente sordomudo, tenía muchas situaciones en la escuela, entonces me propuse ayudarlo a que aprendiera hablar correctamente, a que perdiera ese temor y tuviera confianza con él mismo, entonces fue como mi primer encuentro con el servicio. Lograr que Luis pudiera salir hacia delante, me ayudó mucho. Luego vinimos a Santiago a vivir, en la escuela y en mi barrio identificaba, donde se necesitaba hacer un servicio o dónde podría ser útil, me fui inclinando por el servicio, hasta llegar a trabajar con los niños de la calle en Acción Callejera, donde pude ver la realidad de la vida que uno normalmente no se imagina, lo que son las situaciones para estos niños de la calle”.

3. Aprobación

Otro momento importante fue en la parte artística, con la danza, con la cual me identifiqué grandemente, cuando tuve mi primera presentación de ballet en el Instituto de Cultura y Arte, a los 14 o 15 años, poder lograr que mi padre aceptara esa faceta, que entendiera que podía desempeñar mis funciones, que no iba a descuidar el colegio, fue un momento inolvidable, porque mi papá se oponía, porque entendía que había que estudiar y hacer una profesión. Le pude demostrar que podía ser estudiante, que me podría graduar, pero al mismo tiempo podía ser buena en lo que me propusiera, sin que esto afectara mi forma de ser, al contrario el arte me ayudó a ser más disciplinada de lo que era”.

4. Elección

Cuando me otorgaron una beca para estudiar Arte en Estados Unidos fue un momento muy importante, Jorge, mi esposo, me había propuesto matrimonio justamente a los dos meses de tratarnos, para mí fue muy crucial tomar una decisión, no me arrepiento de haber tomado la determinación de quedarme, de seguir trabajando aquí con las coreografías y espectáculos. Tomé la decisión de aceptar la propuesta de matrimonio en 1987, el 17 de diciembre tendremos 32 años de unir nuestras vidas y formar nuestra familia. Lo que está para uno, simplemente está, conocí a Jorge cuando tenía 13 años, no fue de la manera más agradable, porque en ese momento él se propasó conmigo. Pasé casi 7 años que donde lo veía me iba, pero el destino vuelve y nos une, dando clases en un gimnasio, él se apuntó, para acercarse buscaba padrinos, me mandaba flores. Recuerdo que Juan La Mur, a quien yo producía su programa de televisión, me dijo que le diera una oportunidad, se dio y a los dos meses de estar hablando, no éramos novios, me propuso matrimonio delante de toda mi familia”.

5. Llegada de los hijos

No olvido la llegada de mis hijos, sobretodo del primero, porque por la misma situación de hacer tanto ejercicio físico, tenía problemas para quedar embarazada, entonces tuve que abandonar los ejercicios y bailar para someterme a tratamientos médicos para poder lograr mi primer embarazo. Es inolvidable el día que me enteré, a los 5 meses de estar embarazada, que esperan un hijo, , como tenía tantas situaciones, entendía que el atraso era por los problemas, o sea que prácticamente duré 4 meses embarazada. Mi primer hijo Jorge Luis nació en 1989, a los 5 meses estaba embarazada de Luis Enrique, que nació en 1990, y paramos un poco la fábrica. En 1994 llegó Carlos Guillermo, un día de reyes como un regalo muy especial”.

6. Promesa de amor

A mi entrada al Instituto Oncológico Heriberto Pieter conocí a un niño que marcó mi vida. Mieli José fue que me introdujo en esto de trabajar con niños con cáncer, duró apenas un año y cuatro meses de vida. Aproveché ese tiempo para darle lo mejor de mí, sobre todo para poder entender cuál era la misión que Dios quería conmigo en la vida. Cuando se fue al cielo hice la promesa de seguir trabajando con niños con cáncer, ya son casi 21 años en esta labor. Cuando cerró la parte de pediatría en el Heriberto Pieter, Xenia de Álvarez y Julia Herrera, fundadoras del Voluntariado Jesús con los Niños me hablan de formar parte, lo hice con una sola condición, que se abriera la Unidad de Cáncer Infantil, y al día de hoy estoy llena de momentos inolvidables”.

7. Duelo

No olvido cuando perdí a mi mamá hace 15 años. Le diagnosticaron cáncer de mama, me tocó hacer con mi familia, lo que hacía a diario con desconocidos en el hospital, darle la noticia a mis hermanos, a mi papá, a ella misma, porque fui a buscar sus análisis. Luego acompañarla en el proceso, que fue muy corto, pero fue lo que Dios decidió . Luego entendí que le evitó una agonía y un mal quizás mayor.

Pasé los primeros dos meses cuestionando muchas cosas, hasta que decidí soltar y dejar que Dios, a través del tiempo me indicara el propósito de su partida, pude comprender que Dios había estado preparándome anteriormente para cuándo llegara ese momento. Luego me tocó ver partir a mi suegra también de cáncer de hígado, pude también ayudar en todo lo que pude con la familia, después a mi papá de cáncer de próstata, o sea que el cáncer ha sido muy residente en mi familia”.

8. Huella imborrable

Me marcó mucho el caso de Lorenza, una adolescente a quien le celebramos su fiesta de 15 años, era su sueño, pero ya tenía casi 17, nunca tuvo una fiesta de 15 años, ella quería que las demás compañeras y compañeros que estaban en su misma situación, vivieran esa experiencia. Le hice una coreografía con los hijos de amigos, que fueron los partners, conseguimos los vestidos gratis, Jean Roldán preparó la fiesta, Raudy Torres hizo el buffet, se combinaron muchas personas para hacer algo bellísimo. La fuimos a buscar al hospital con oxígeno en una silla de ruedas, esa niña entró con la mano en alto en señal de victoria, fue hermoso, ella no se quejaba, sonreía. Tuvo la valentía de despedirse, eso nunca me había tocado, el hecho de que una persona que se está muriendo dijera me tengo que ir, necesito que sigan haciendo esto, gracias por tu tiempo”.

9. En la danza

Mientras tuve mis hijos me mantuve haciendo coreografías para 15 años. En 1994 me acuerdo que Víctor Víctor me buscó para el vídeo “Mesita de Noche”, luego trabajé en algunas comparsas que obtuvieron premios en Santo Domingo. En el 2000 decidí no trabajar más con el carnaval, porque se había perdido esta mística de bailar por amor al arte, por lo que nos gusta, sino que todo se hacía de manera muy mentalizada y metalizada, ya no me gustaba. Seguí trabajando con la coreografía de los cumpleaños y también dando talleres de clases de baile, enseñando a bailar a muchos jóvenes en Amaprosan, en el Centro Español; en talleres privados en verano, y también clases a parejas. Me ponía siempre en los sitios a ver que uno de los dos no bailaba, decía tal vez la cosa mejora si empiezan a hacer alguna actividad juntos, eso hizo que muchas parejas se unificaran de nuevo”.

10. Nietos

Viví un momento especial hace 8 años y lo volví a vivir hace 3 años, cuando nacieron mis nietos. Ver nacer a Renata es inolvidable, primero porque era hembra, solamente tuve varones, estuve en el parto, llevamos una relación muy unida, Renata y yo nos parecemos mucho, es un motivo bellísimo, una manera distinta de conocer un hijo, cuando uno ve que tiene su hija; y Nicolás, que llegó hace 3 años, es el bebé más dulce de la bolita del mundo. Semanal están aquí conmigo, soy una abuela 100%, soy muy de mis nietos, de mis hijos; Jorge a veces pelea, porque dice que estoy pendiente de qué necesitan los demás y me descuido de mí, pero yo me siento bien”.

Valorar las cosas simples

Hoy puedo entender que el poder está en dar, en darle fortaleza a los niños y a mí misma. Es la preparación de todos esos años de servicios y que a diario voy viendo, entonces puedo valorar aún más lo que es la salud, las cosas sencillas de la vida, lo simple, porque muchas veces siento que uno se afana mucho en tener cosas, en preparar cosas a futuro y pensar que hay situaciones catastróficas que no nos van a llegar. Entonces, cuando uno está de la mano con el dolor, con la realidad, con la muerte, uno se da cuenta que el hecho de abrir los ojos en la mañana, ya es suficiente para dar gracias a Dios. El hecho de respirar, de coger ese aliento ya es suficiente para ser feliz y dar gracias al Señor, porque hay mucha gente que todas las mañanas lo cierran, que no tiene esa oportunidad. Siento que tenemos que aceptarnos, querernos como somos, valorarnos, valorar nuestra familia, tratar de vivir cada día como si fuera el último de nuestras vidas, sin afanarnos de qué va a pasar mañana, porque del mañana no tenemos ningún tipo de certeza, sino de lo que somos hoy, de lo que estamos haciendo y aprender a disfrutar los momentos felices que lleguen.

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