María Quezada facilita el desarrollo a través de soluciones financieras

A través de los grupos de ahorro, los comunitarios han logrado emprender sus negocios.
Los grupos de ahorro están en comunidades como Cañada de las Palmas y Arroyo Arriba, en Constanza

Desde hace aproximadamente cuatro años, cientos de comunitarios de Constanza encontraron la manera de independizarse económicamente gracias a una iniciativa que les ha permitido emprender desde peluquerías hasta granjas avícolas.

Lo logran a través de los grupos de ahorro promovidos por la líder comunitaria María Quezada, quien fue reconocida como una de las Mujeres que Cambian el Mundo por el Banco BHD León, y cuya labor social lleva más de 25 años.

Estos grupos, constituidos por 148 familias, están actualmente en comunidades como Cañada de las Palmas, El Chorro, María Trinidad Sánchez, y Arroyo Arriba, que han podido ahorrar hasta RD$ 1.4 millones.

“Cuando comenzamos a contar la idea a los comunitarios, las personas se mostraban escépticos. Me contaban que cómo iban a ahorrar dinero, si trabajaban de día para comer de noche. Le conté que sí había forma, pero que debían cambiar su manera de pensar”, cuenta Quezada.

Recuerda que a esa primera reunión asistieron 43 personas, de las cuales solo quedaron 13 comprometidas con seguir adelante. Asegura que tras crear un segundo grupo, esta vez en El Chorro, una comunidad vulnerable de ese municipio, “la gente se motivó más, se sensibilizó, porque habían escuchado que con ese dinero otros habían puesto sus propios negocios y las condiciones de sus familias habían mejorado”.

Zunilda Victoriano es una de las beneficiarias. Afirma que tras integrarse a estos grupos ha podido mejorar la condición de su familia. “Entré pensando que no podía ahorrar, pero ahora me doy cuenta que sí es posible. Esto hace muy bien a la comunidad”, expresa.

Así sucedió con María Cruz, quien tras ingresar a uno logró remozar su vivienda y cumplir otras metas. “Gracias a estos grupos de ahorro, pude arreglar mi casita. Ahora vivo mejor, sin el pesar de las deudas”, valora.

Quezada afirma que hasta el momento ninguna persona se ha salido de los grupos por desmotivación, “por el contrario, hay quienes una vez termina el ciclo de ahorro, esperan otro grupo para inscribirse nuevamente porque ven los beneficios, no solo a nivel personal, sino a nivel familiar: sus hijos comen mejor y viven mejor”.

Los grupos son autónomos. Cada uno tiene una directiva. La caja, protegida con tres candados, es resguardada por el cajero, mientras que las llaves de esas cerraduras las tienen tres personas diferentes, “por lo que no hay manera de que sea abierta sin la coordinación de todas las partes. Es garantía de seguridad, por eso la gente confía más, sobre todo porque mi objetivo no ha sido lucrarme con esos recursos”.

Los ahorros también les sirven a los integrantes para tomar préstamos con diferentes tasas de interés, que van desde un 3 hasta un 5%. “Esta es otra de las ventajas. Al tiempo que ahorras, puedes pedir prestado para solucionar cualquier situación o poner un negocio”, señala Quezada.

Todos los viernes, los grupos se reúnen para pasar balance de los ahorros y conversar sobre diversos temas de emprendimiento y libertad financiera.

Esta líder comunitaria no solamente motiva a la gente a que ahorre. Sino que también hace que generen ideas de cómo invertir el dinero sabiamente, de cómo no derrocharlo a las primeras de cambio.

Quezada, igualmente, apoya a la comunidad en otros ámbitos. Forma parte del grupo “Unidos por una causa”, que trabaja con la prevención del cáncer con jornadas de Papanicolaou a mujeres de escasos recursos de decenas de localidades de la zona.

Asimismo, forma parte del Comité de Gestión de Rehabilitación en Constanza, a través del cual ha gestionado más de 200 sillas de rueda y operativos médicos.

Por igual, está integrada al colectivo Mujeres Emprendedoras de Constanza, que, entre otras cosas, procura suplir de medicamentos a cientos de personas necesitadas.

María Quezada.

Comenzó su labor social en el 1990

María Quezada nació en Tireo, Constanza. Cuando tenía 8 años su familia sufrió los embates del huracán David, que les obligó a vivir damnificados por un tiempo. Fueron auxiliados por la Fundación contra el Hambre, que les brindó servicios de salud, alimentación y acompañamiento. Tiempo después, Quezada se convirtió en promotora voluntaria de salud de esa misma organización, en la comunidad de Villa Pinales en el 1990 y luego se convirtió en facilitadora en Constanza. Posteriormente, pasó a ser coordinadora de los trabajos que hacía la fundación en Santo Domingo. En esa ocasión, logró impactar a cientos de personas en provincias como Monte Plata, Elías Piña, y municipios como Santo Domingo Este, especialmente la zona de El Tamarindo, entre otros.

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