Prepárate

Aprendí de mis padres que “no tienes que herir para enseñar ni tienes que ser herido para aprender”, muchas veces el aprendizaje puede costar pero también bendecir, la vida puede ser un gran maestro pero de nada vale si no somos alumnos destacados. Dicen que nadie aprende de cabeza ajena, pero los errores de unos libraron a quienes saben que no tendrán otro chance. Por tanto cerciórate bien, mira a quienes ya pasaron por ahí, examínalo todo, retén lo bueno y si el sol sale para justos e injustos cuanto más no será defraudada tu fe, porque Jesús nos enseñó que “si aún el juez injusto hizo justicia, cuanto más Dios, hará justicia a sus escogidos...” Pequeñas situaciones nos preparan para grandes desafíos pero la esperanza para las grandes oportunidades.

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