Hora de definiciones

Ataviada con falsas vestimentas democráticas, RD vive una dictadura que disfraza sus entrañas absolutistas tras meras formalidades, ocultando la realidad de un autoritarismo light que impone a la sociedad de manera omnímoda las grandes decisiones del curso de la Nación, sin consultarla.

Absolutismo que hizo de la reforma constitucional de 2015 “una operación de compra y venta de votos”, al decir de personalidades no opositoras al gobierno, convertido el caso Odebrecht en una farsa politiquera, en la que el verdadero objeto de investigación y persecución penal no está sometido a juicio, como en otros países.

Si apartamos las simulaciones que los dominicanos hemos convertido en mecanismo de sobrevivencia frente al poder absoluto que ejerce la cúpula del PLD, advertiremos que el continuismo que parece “no tener límites”, hace lo que le viene en ganas con el Presupuesto Nacional, los déficits fiscales, y una insostenible política de endeudamiento público.

Al decir de los mismos comisionistas del FMI la mala conducción económica del gobierno está ahorcando las finanzas públicas a un ritmo que apenas en 3 años, en 2024, el Estado no estará generando suficientes recursos para pagar los intereses de la deuda total consolidada, encaminando al país a un estado de insolvencia para enfrentar la deuda.

Aparte de la economía, el control absoluto de las instituciones permite al gobierno manejar a su discreción el sistema judicial, lo que opina y habla la gente con un caliesaje que ni en los tiempos de Trujillo, “control” que no responde por la seguridad jurídica y ciudadana que afectan las actividades productivas e incluso a nuestros visitantes del exterior, lo que ya tiene serias repercusiones negativas para el turismo que ha visto ralentizar su crecimiento y luego registrar preocupantes caídas.

Las erróneas actuaciones unilaterales del gobierno, y la nociva secuela del régimen de corrupción y despilfarro que aparejan, son factores que han llevado a que el país no haya aprovechad el crecimiento económico que impulsan las fuerzas productivas de la nación para generar riqueza social ni proveer servicios públicos de calidad a los ciudadanos.

Es en este punto que un rico arcoíris de fuerzas políticas articulan la Coalición Electoral por un Senado Plural, para que el Congreso recupere su condición de primer poder del Estado y de contrapeso del ejecutivo.

La iniciativa está siendo satanizada por el continuismo, sus bocinas y las cajas de resonancia enquistados en ciertos enclaves mediáticos. Es hora de definiciones. Cada quien asume su responsabilidad.

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